Una muestra mágica de las huellas de pueblos que con maestría y sacrificio dejaron impregnadas en nuestra historia sus creencias, prácticas y cosmovisiones de la vida y lo sagrado.

Como no vibrar ante el sonido de las zampoñas, quenas y tambores o ante la prolifera creación de símbolos y trazos de un arte maduro que nos transporta a mundos mágicos que solo en los rituales y las prácticas chamanicas podemos experimentar y vivir en plenitud. Allí vibra nuestra sangre, nuestros sentidos se exaltan y entonces no podemos negarle a la imaginación adentrarse tal vez tímida pero respetuosamente en el mundo ancestral y sus formas sinuosas que no caben en la lógica ni en los análisis dogmaticos…es sentir solamente, solamente sentir.

De allí que nuestras manos esbocen trazos y cromatismos que rindan especial tributo al legado de nuestros pueblos ancestrales, a su sabiduría, a sus cosmovisiones. Hoy cuando la irracional “civilización” nos empuja tal vez a finales caóticos insospechados es necesario recuperar el pensamiento y la mirada que subyacen en las huellas misteriosas de otros mundos, de otros pueblos…