El Retorno del Colibrí

“El Retor no del Colibrí”

Es una propuesta artística que retoma un símbolo muy arraigado en la cosmovisión de nuestros pueblos ancestrales como lo es el colibrí, el cual está presente a lo largo y ancho de Abya Yala y sobre el se tejen innumerables relatos y leyendas, ciñéndose a las numerosas particularidades culturales de cada territorio.
Es una metáfora gráfica que narra evidentes contrastes de un paradisíaco mundo, exuberante y mágico, pletórico en coloridas manifestaciones, mitologías, saberes y visiones que hacen parte de la cotidianidad de los seres que allí cohabitan en plenitud y armonía. Sin embargo, un día, una abrupta irrupción maléfica cambia todo y una herida lacerante se apodera del lugar causando, tristeza, rabia y desolación en los corazones… pasaron los años y el Gran Colibrí despierta y mira que su mundo ya no es igual y entonces decide hacer un llamado para sanar y restablecer de nuevo lo perdido. Convoca entonces a todos los seres que aman y les regala una alita verde dorada y empieza su utópica misión.

 

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EL RETORNO DEL COLIBRÍ

Autora: Diana Guevara

Eran tiempos muy tristes aquellos en los que en la tierra reinaba el oscuro Meirú, dios del caos y el dolor, que todo lo enredaba y lo pintaba de falsedad para que nadie creyera ni entendiera nada… muchos años habían pasado ya y todo era demasiado confuso y triste, los bosques y los ríos estaban enfermos y ya ningún ave cantaba, las personas se odiaban unas a otras y se hacían daño de maneras terribles, pues habían perdido casi por completo el sentido del Amor y de la Verdad.

Pero existían todavía rincones no tocados por la oscuridad del perverso Meirú, quedaban solamente dos pequeñas aldeas en los extremos de la tierra, donde aún los amorosos sabios, ancianos de mirada serena y cabelleras blancas como la luz de la luna, resguardaban lo poco que había sobrevivido del Amor, y tejían cantos de brillantes colores con sus voces oceánicas para alimentarlo y que creciera y pudiera cantar de nuevo. Estuvieron así largos años, protegidos por misteriosos encantamientos que los hacían imperceptibles a la ira de Meirú, alimentando y cantando, buscando en el aire ecos de otros cantos que pudieran juntar para poder algún día hacer una danza capaz de encender nuevamente la luz en los corazones humanos, ya casi apagados por completo.

Mucho tiempo pasó, hasta que un día, los cantos llegaron a oídos de la Luna, que una noche danzó con la tierra hasta eclipsarse, y de esa luna roja se derramaron dos lágrimas de sangre que cayeron sobre los ojos de Meirú, que observaba la Luna enrojecida considerándola un tributo a la sangre derramada en sus guerras; pero las lágrimas cayeron en sus ojos y lo cegaron, llevando hacia dentro de su alma de todo el dolor y angustia que había causado en los hombres y en los seres de la tierra desde que había tomado el poder al traicionar a su Kawsay, su hermano alado, portador de toda la luz y el amor creador que daba sanación y alegría.

Entonces cuando Meirú dejó de ver y sufrió todo el dolor causado, las estrellas del cielo danzaron y el canto de los ancianos tomo una fuerza impensable y se escuchó hasta los confines del cielo, donde hacia tanto tiempo se había ido Kawsay desterrado por su hermano, a llorar amargamente su tristeza; pero ese canto, que era el canto del amor, llego a sus oídos y nuevamente crecieron sus alas y brillaron como antes en una sinfonía de colores innombrables, cesó su llanto y supo que podía regresar, que ya la mirada oscura de su hermano traidor no podría apagar su luz y sintió en su corazón el deseo profundo de volver a la tierra.

Al amanecer de aquella noche se observó en el horizonte una nube danzante de colores brillantes, con un zumbido hipnótico y hermoso como el que se escuchaba en la tierra en los tiempos de Kawsay, todos los hombre y mujeres miraron al cielo y vieron descender miles de colibríes de colores brillantes que con su aleteo mágico iban devolviendo la claridad y la verdad a todas las cosas y seres; entonces supieron que retornaría el Gran Sanador, el Mensajero de Luz y de toda la Verdad que existe; sus corazones se llenaron de dicha cuando apareció en el cielo, a la derecha del sol, la figura imponente de Kawsay, el gran colibrí del aleteo creador, que cantaba nuevamente para ellos, sanando sus heridas y borrando de sus memorias todo el dolor y caos que había sembrado Meirú, que ahora, ciego, se refugiaba en las sombras del vacío para diluirse poco a poco en el dolor que por tan largo tiempo había causado.

El sol y la luna brillaron entonces, y en los corazones de todos los hombres y mujeres cantó el amor un himno de bienvenida para Kawsay, que gracias a la fe y el cuidado del amor que siempre tuvieron los abuelos, había escuchado un canto de esperanza desde su solitario destierro y había decidido regresar a su amada tierra, su dulce morada de siempre, para llenar de Amor y Verdad a todos los seres, gestando un nuevo mundo lleno de Armonía y Vida que duraría hasta el final de los tiempos.

 

THE RETURN OF THE HUMMINGBIRD

Author: Diana Guevara

Those were sorrowful times when the earth was governed by the dark Meirú, god of chaos and suffering, who clouded everything with confusion and lies so that no one knew what to believe or understand… Many years went by in which everything was very confusing and distressing, the woods and rivers became sick and the birds stopped singing. The people hated each other and did terrible things to each other because they had almost completely forgotten the meaning of Love and Truth.

However, there were a couple of corners that remained untouched by the darkness of the evil Meirú: two small villages on the far ends of the earth, where loving wise men, old men with a serene look and hair as white as moonlight, protected what little remained of Love and, with their flowing voices, weaved songs in splendid colours to nourish her so she would grow strong and sing again. They spent long years like this, protected by mysterious spells that hid them from the rage of Meirú, nourishing and singing and searching the air for echoes of other songs that they could join in order to one day create a dance that would be able to light up the hearts of the people again, which were almost completely extinguished.

A lot of time went by, until one day their songs were heard by the Moon who danced with the earth until she eclipsed. The red Moon then shed two tears of blood that fell on the eyes of Meirú, who was contemplating the red Moon and thought it was a tribute to the blood shed in his many wars. The tears, however, fell in his eyes and blinded him, bringing his soul all the suffering and distress he had brought upon the world ever since he betrayed and took the power away from Kawsay, his winged brother, bringer of light and the creative love that brought healing and joy.

When Meirú lost his sight and suffered all the pain he had caused, the stars in the sky started to dance and the song of the old men became inconceivably powerful. It was heard in the confines of heaven, where Kawsay hid away to bitterly mourn his misfortune, after his brother banished him. But when the song, which was the song of Love, reached him, his wings started to grow and shine like before in a symphony of incredible colours, his weeping stopped and he knew he could return. Now that the darkness of this treacherous brother could no longer extinguish his light, he felt a deep longing in his heart to return to the earth.

That day at dawn, a dancing cloud of shining colours was seen on the horizon, accompanied by a hypnotic humming sound that could often be heard on earth in the times of Kawsay. Men and women alike looked up at the sky and saw thousands of hummingbirds in bright colours descend. With their magic fluttering of wings, they restored the sense of clarity and truth in all things and beings. They then knew that the Great Healer, the Messenger of Light and all Truth, would return to them and their hearts were filled with happiness when the imposing figure of Kawsay appeared in the sky, to the right from the sun. The big hummingbird sang for them again, with the creative clapping of his wings, healing their wounds and wiping their memories clean of all suffering and chaos caused by Meirú. Meirú now fled, blinded, into the shadows of emptiness where he would slowly dissolve in the suffering he caused for such a long time.

The sun and moon shone again and in the hearts of all men and women, love sang a welcome song to Kawsay. Thanks to the faith and care that the old men had always had for love, Kawsay had heard a song of hope in his solitary exile and decided to return to his beloved land, his sweet home of always, to fill all beings with Love and Truth and create a new world full of Harmony and Life that would endure until the end of time.

 
 
 
 

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