Abrigando Nuevos Amaneceres.
Entrevista con Jafeth Gómez

Fernando Torres M
Dimensión Educativa

¿Cómo fue que  comenzaste a pintar?

Comencé con alfabetización, viendo las dificultades que tenía la gente en mi región, en La Mesa, Patía, alli trabajaba en una escuela y en las noches en la alfabetización de adultos, también en la organización de la comunidad, pero me di cuenta de las dificultades que tenía la gente para entender el mensaje pero también para expresarse. Eso me fue dando las pistas para ir pensando luego en la elaboración de materiales de apoyo para que la gente entendiera mas fácil lo que se les quería transmitir. Sentía desfases en los materiales que había en esa época para alfabetizar, por ejemplo en las cartillas de Acción Cultural Popular de Sutatenza, venían las imágenes del campesinado cundiboyasense, hombres con ruana y saco que nada tenían que ver con la gente del Patía. Esta inquietud la retomo y comienzo a dibujar figuras e imágenes que hacían parte del entorno social y cultural de mi región. Mucha gente aprendió a leer y a escribir, pero también comenzamos a utilizar metodologías diferentes. No solamente era el afán de aprender a leer y a escribir sino también queríamos que la gente reflexionara sobre su realidad, sobre las dificultades que vivían, sobre sus condiciones de vivienda, decíamos que había que “aprender a leer para escribir la historia”. Esto da pie para que comenzáramos a hacer materiales a partir de esta realidad del campesinado del Cauca. Ya por este tiempo empiezo a vincularme a la Sociedad Misionera de Belén SMB haciendo cursos, talleres y capacitaciones especialmente de carácter bíblico y formación pastoral. Siempre había tenido muchas contrariedades con la iglesia pero estos misioneros llegan con un mensaje diferente, que no conocía. Me fui enamorando de un Jesús liberador, amigo de los pobres,  mensaje que tiene mucho que ver con mis ilusiones respecto a una nueva sociedad. Es así como voy uniendo mi trabajo de alfabetización, el trabajo con los niños y la comunidad y comienzo a integrarme al proyecto evangelizador de la SMB en la región.

Estas intuiciones y opciones por la educación popular y por la teología de la liberación que estuvieron desde el comienzo de tu obra ¿cómo se fueron enriqueciendo en los desarrollos posteriores?

En estas búsquedas me di cuenta que los campesinos avanzaban con cierta lentitud respecto a lo que quería lograr, no así los jóvenes, entonces comienzo a trabajar con la juventud. Eso me da mejor resultado. La vitalidad, el dinamismo, las búsquedas de los jóvenes me llevan a comprometerme con el trabajo juvenil. Esto me da una proyección no sólo local, sino también regional y nacional. No es un trabajo individual sino de equipo, mucho más consolidado con los jóvenes. Con este equipo hicimos unas cartillas de alfabetización liberadora con la metodología de Paulo Freire. Ahí comienzan a nacer y a publicarse los primeros dibujos, con las cartillas y con el boletín “El Trochero Pastoral” de la SMB, en 1978. Recuerdo que en el Trochero realicé una historieta con un personaje que se llamaba “Silvestre”, era un campesino que quería enseñarle a la gente a mejorar sus condiciones de vida, era una historia que narraba diversas situaciones de la comunidad, la cual mantuvimos y publicamos alrededor de tres años.

Silvestre está ubicado en el mundo campesino pero tu eras un joven y trabajabas en un proyecto juvenil ¿querías que Silvestre entrara al ritmo de los jóvenes?

Silvestre está dirigido al mundo campesino pero elaborado con ojos juveniles, era un joven campesino que se preocupaba, que enseñaba, que encarnaba las inquietudes juveniles.

¿Silvestre era vos?

Eran mis ideas de cambio que las proyectaba en ese personaje. Tampoco eran sólo mis ideas sino también la de los otros jóvenes. En esa época, ellos se fueron convirtiendo en mis grandes amigos, que siguen siéndolo hasta ahora, siguen luchando y siguen convencidos de este proyecto político. Eran los tiempos que nos iluminaba la revolución nicaragüense. Estábamos pendientes de lo que pasaba en Nicaragua. Teníamos la firme convicción que el siguiente turno revolucionario era el nuestro, en Colombia, eso nos hacía trasnochar, nos hacía caminar de vereda en vereda, nos hacía cantar las canciones de la Misa Nicaragüense y otros cantos centroamericanos, nos hacía reunir para trabajar juntos. Teníamos una cooperativa, hacíamos cultivos comunitarios, participába